Estarán de acuerdo que esta idea ha sido lo suficientemente perniciosa para merecer que tratemos de examinarla. Voy a intentarlo, muy a la judía, comenzando por una anécdota: En Inglaterra, en pleno siglo XIX, el más reputado de los teólogos anglicanos le dedicó muchos años de esmerado trabajo al estudio de la religión judía.
Este trabajo culminó en la redacción de una muy elaborada y larga tesis sobre el tema. Antes de publicarla, por respeto a los judíos, le llevó su manuscrito al que entonces era, el principal rabino de Inglaterra.
El teólogo pidió cita, llegó con su impresionante manuscrito y orgullosamente lo puso en las manos del gran rabino, imaginándose que este se tomaría varias semanas para darle su opinión. Al teólogo le sorprendió muchísimo que el gran rabino estuviera dispuesto a comentarle la tesis de inmediato, pues solo había leído el título: "La Teología Sistemática de la Sinagoga." El rabino le dijo:
Primero, La Sinagoga no existe. Hay muchas sinagogas pero no existe una institución en particular que lleve ese nombre y sea el equivalente del Vaticano o de Canterbury.
Segundo, los judíos no tenemos Teología. No hablamos de Dios, no discurrimos sobre su naturaleza, no especulamos sobre sus orígenes e intenciones. Tenemos 613 mandamientos que cumplir, que El nos ha dado y son tan, pero tan difíciles, que todo el tiempo se lo dedicamos a determinar cómo debemos cumplirlos y el resto del tiempo se lo dedicamos a la organización de nuestras vidas familiares y religiosas que están muy ligadas.
Tercero, si tuviéramos una Teología esta no sería Sistemática. Usted que conoce bien nuestros textos: El Antiguo Testamento, la Mishná, el Talmud y los Midrashim sabe muy bien que se los puede calificar de todo, menos de ser sistemáticos. Sea cual sea el sentido que usted le de a la palabra "Sistemático" (1).
Terminada esta digresión, entrémosle de lleno a nuestro tema: "Los judíos están en el centro de la Historia".
Primero, los judíos no existen: Existen individuos que, entre otras cosas, son judíos. Hay judíos que se sienten muy judíos y se organizan en organizaciones judías muy diversas: Los Lubavich, El Bund, Hashomer Ha'tsair, la Bnei Brith, los Naturei Karta, la WIZO, el Centro Simón Wiesenthal, la Yevsektzia (seccional judía del partido comunista), Hebraica, el Colegio Emil Friedman, la UJPF que pide el boicot de Israel, Uri Avnery que de por si solo es una institución y una organización, el Betar, el movimiento Kahane Hai, los que quieren un Gran Israel, los que quieren un Estado bi-nacional, los que quieren dos Estados, los que quieren declarar la República Independiente de Judea en Cisjordania, los judíos por Obama, los judíos por el GOP, la JDL… y la lista podría seguir y seguir y aunque fuera exhaustiva, solo cubriría un poco más de la mitad de los judíos.
Después estamos el 48%, ente los que se incluye el bicho raro que les escribe, que no sabemos si somos o no somos judíos, que no sabemos si nos importa o no nos importa que lo seamos, que a veces nos importa y otras no. Que nos casamos o nos arrejuntamos con quien nos venga en gana, sea judío, ateo o de otra religión, que tenemos muchas identidades y podemos ser, como el bicho raro que les escribe, franceses, alemanes, holandeses, venezolanos, keynesianos, liberales, defensores del canabis y el derecho al aborto, echadores de broma, ateos, irreverentes, alzados, que queremos o admiramos Israel o Israel no nos importa, que somos de derecha o de izquierda, que somos racistas o anti-racistas. Contamos en nuestros rangos, que son de todo menos rangos, a personas eminentes como Paul Krugman, Joseph Stiglitz, Woody Allen, Henryk Modestus Broder, Richard Feynman, Bernard Henry Lévy, Yuri Slezkine, Daniel Goldhagen, Bernard Lewis, Maxime Rodinson y podría seguirle agregando nombres a esta lista durante un mes o más.
Espero que he logrado demostrar que existen judíos pero "los judíos" no existen. Dando este tema por arreglado, pasemos a ocuparnos de La Historia: La noción de historias, en plural y sin mayúsculas, fue inventada por Heródoto (nacido en Halicarnaso, vivió entre el 484 y el 425 a. C.). El padre de la esta ciencia, a la que llamó Historia, tenía la característica de creer que no solo los griegos eran gente, sino que los bárbaros también eran gente. Su razonamiento lo llevo más allá y concluyó que todos los animales parados en dos patas y que se comunicaban entre si con algún idioma (o algo parecido) también todos eran gente y eran objetos de interés científico. Con esta idea, descabellada para su época, Heródoto se puso en marcha y se monto en naves para recorrer los mares y lugares donde se podía encontrar lo que él llamaba "anthropoi" (=gente). Heródoto se puso a describir estas diversas gentes que encontraba en cada lugar y también anotó los relatos que estas gentes hacían sobre su pasado. Porque se dio cuenta de que todas las gentes tienen algún tipo de memoria colectiva que les fue transmitida por sus antepasados y que Heródoto llamó Ἱστορίαι (historia), literalmente «investigaciones, exploraciones» (de ἵστωρ, «saber, conocer»). Heródoto tuvo muchos imitadores: Tito Livio, Suetonio, Tácito, Flavio Josepho, etc. Pero ninguno llegó a ser tan abierto, amplio y universalista ("avant la lettre", porque la idea de "universalismo" aún no existía) que el padre fundador de la disciplina.
Más de dos mil años más tarde nació en Stuttgart un genio apellidado Hegel, que enseñó en Berlín y abordó todos lo temas posibles e imaginables. Hegel era un fenómeno, más grande que Kant, Leibnitz y Newton sumados. Hegel sabia todo sobre todo y como si eso fuera poco, tenía una opinión sobre cada una de las cosas que sabia. A un tan tremendo gigante del conocimiento no podía faltarle imaginación y Hegel utilizó su imaginación a trocha y mocha. Imagino que existía algo que se llamaba La Historia y que esta Historia tenía sus propias leyes (equivalentes a las que Newton encontró para la física), que la Historia, como los objetos físicos, tenía un comienzo y debía tener un final (recuerden a Francis Fukuyama). Esta idea de genio loco, de que existe algo llamado La Historia y que funciona como un organismo biológico (nace, crece, madura, envejece y muere) tuvo muchos seguidores, entre los cuales Marx, Croce y Spengler, quienes respectivamente fueron los iniciadores del marxismo, del fascismo y del nazismo.
¿Porqué un genio tan grande como Hegel llegó a una idea tan genialmente loca que ha tenido consecuencias tan nefastas? Por un problema psicológico cognitivo del que todos somos víctimas y se llama "reificación" (del latín "res" = cosa). No sé si Wittgenstein fue el primero en descubrir este problema, pero lo entendió muy bien. Wittgenstein explicó que este problema se lo debemos a las características del lenguaje. En el lenguaje, las palabras, cierto tipo de palabras, provocan ilusiones. Las ilusiones más peligrosas las provocan los sustantivos. Wittgenstein dijo que "el sustantivo siempre nos pone a buscar un objeto que le corresponde" (Blue Book, 1933/34). Russel explicó de donde viene esta falla sicológica, esta verdadera trampa del pensamiento: El niño aprende a usar los sustantivos por "definición ostensible", es decir, aprende a decir "conejo" cuando le muestran un conejo o una imagen de un conejo. El conejo es lo que los lingüistas llaman un "referente concreto", es decir un animal o cosa que corresponde a sustantivo (An Inquiry into Meaning and Truth, 1940).
El problema de la "reificación" surge cuando los referentes no son seres vivos ni objetos: La libertad, la bondad, la maldad, el amor, el odio, el capitalismo, la historia, el Judaísmo, la raza germánica, etc.). Ahora que sabemos por qué el magnífico Hegel, como solo era humano y errarem humanum est, cayó en el error de inventar "La Historia". Este error no se quedará así. Será corregido y desmontado por Karl Popper (The Poverty of Historicism, 1936-1956).
Después de estas digresiones vuelvo, para terminar, al meollo de mi tema: "Los judíos están en el centro de la Historia" es una idea falsa y absurda, porque: Primero, "los judíos" no existen. Segundo, "La Historia no existe" y Tercero, si "La Historia" existiera, no tendría ni centro ni periferia.
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(1) Anécdota relatada por Bernard LEWIS (2004), FROM BABEL TO DRAGOMANS INTERPRETING THE MIDDLE EAST, p.56

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