samedi 27 septembre 2014

Comentario a "La izquierda asiática de América Latina" de Fernando Mires

La izquierda asiática de América Latina; por Fernando Mires

El tema del "despotismo oriental" tanto para Herodoto como para Aristóteles designaba una forma de autocracia, consentida al menos por algunas élites.
Gibbon lo considera una de las causas de la caída del Imperio Romano, no por su carácter sanguinario y represivo –con el que asociamos actualmente este concepto- sino por su coste estrafalario. Los emperadores competían con los monarcas orientales en la ostentación de deslumbrantes riquezas para dar prueba de la superioridad de su poder. Esto provocó un fuerte deterioro del erario público romano.

La idea del "despotismo oriental" como un método de gobierno anómico, sádico, sanguinario, de una crueldad sin  límites,etc. es una idea europea creada por Wittfogel, un sinólogo marxista de comienzos del siglo pasado. Su marco teórico se halla plasmado en su obra: "Oriental Despotism; a Comparative Study of Total Power" Yale University Press,1957. La concepción vulgar del "despotismo oriental", que tanto nos reconforta, es que mientras el "occidente" es humanista, legal y civilizado, el "oriente" es todo lo contrario: inhumano, anómico y salvaje.

Personalmente no tuve problemas con mantener en mi mente esta simplista dicotomía (pese a los crímenes del nazismo, la guerra genocida de Italia en Etiopía, las barbaridades cometidas por los belgas en el Congo, las de los holandeses en Indonesia, y antes, la forma en que los europeos trataron a las poblaciones autóctonas en las Américas) porque era marxista, como Wittfogel y consideraba el capitalismo como un estadio superior de la evolución humana que era la antesala de la paradisíaca utopía comunista que terminaría con todos los sufrimientos de la humanidad. Sobre el "oriente" manejaba, como Wittfogel y todos los marxistas, la turbia y racista noción de "modo de producción asiático" acuñada por Marx y Engels. Estos últimos, dicho sea de paso, eran racistas como los europeos de su época: su "Proletarios del mundo uníos" se refería únicamente a los trabajadores europeos y norteamericanos. Su humanidad y humanismo no iban más allá de ese horizonte. El resto del mundo lo despachaban con nociones despectivas como "modo de producción asiático" o "despotismo oriental".

Mi disonancia cognitiva con esta visión racista y simplista de lo "occidental" y lo "oriental" se la debo a Pol Pot, quien después de tomar el poder en 1975, exterminó una cuarta parte de la población de su país. Aquel acontecimiento conmovió enormemente la opinión mundial y francesa en particular (porque se trataba de una ex-colonia) pero los comentarios que suscitó aquel espantoso genocidio, que la prensa describía mientras estaba sucediendo, iban todos en el sentido de explicar el asunto con la noción nuevamente desempolvada
del "despotismo oriental". A mí algo no me cuadraba con esta explicación: Pol Pot era marxista, se había formado en escuelas francesas y vivió y estudió durante cuatro años en Paris. No podía impedirme de preguntarme si era posible disociar totalmente la cultura francesa, el marxismo y la "cultura occidental" de los actos protagonizados por este personaje.

Ese fue mi momento de total ruptura con el marxismo y todo lo que se le pareciera. Me dije que si la tragedia camboyana debía atribuirse a alguna ideología esa sería una ideología bien europea. En ese sentido me parece que el excelente artículo del siempre admirado Fernando Mires conlleva el riesgo de escurrir el problema al atribuirles las afinidades, en principio sorprendentes e incomprensibles, entre los marxistas y el Islam, a una "izquierda asiática".

La intuición de Mires es correcta. Somos los testigos atónitos de una alianza entre izquierdistas y yihadistas que nos parece reunir las cosas más opuestas como el ateismo y la religiosidad fanática, la liberación femenina y la opresión total de la mujer. Pero esta reunión es posible gracias a muchos puntos comunes entre el marxismo y el yihadismo.

Antes de entrar a considerar los puntos comunes entre estas dos ideologías, le sugiero a Mires que dejemos a los asiáticos en paz. China, Japón, Indonesia, Camboya, Vietnam, Filipinas, Taiwán, Singapur, Tailandia, etc. son países que van por un muy buen sendero de progreso y desarrollo con un aumento constante y consistente de su nivel de vida. Los países que no progresan ni social ni culturalmente son los del "Medio Oriente" que, como su nombre lo indica (y no hago un sofisma) son "orientales" a medias. Son países musulmanes que tienen una religión que le debe tanto a Europa como al Levante.

El Islam, como el marxismo, son el fruto de una misma tradición, que por comodidad se llama "judéo-cristiana" pero que, en muchos aspectos, es más cristiana que judía. El utopismo universalista y la
condena del dinero son ideas cristianas, musulmanas y marxistas pero no se encuentran en el judaísmo. Cuando en los años 70 se hablaba mucho de "teología de la liberación" yo comentaba que un cristiano no tiene por qué ser marxista pero todo marxista es en cierta forma cristiano: la utopía igualitaria y la condena del lucro son indispensables en el credo marxista y no pueden provenir sino del cristianismo, aunque este último, en su larga y turbulenta historia, haya logrado reconciliarse con la desigualdad y el lucro.

El Islam no florece donde hay progreso. No existe ni en oriente (los países antes mencionados, con la excepción de Indonesia donde el yihadismo es muy marginal) ni  en occidente: Europa, EEUU, América Latina. Prospera y explota en el Medio Oriente (oriente a medias) y en África donde cunden la pobreza, el analfabetismo y las peores plagas que afligen a la humanidad actual.
El Islam es un inmenso enclave medieval rodeado por un mundo de luces y progreso que está de lleno en el siglo XXI.

El marxismo surge en el siglo XIX, y en su forma radical, fracasa estrepitosamente a finales del siglo XX. Poco antes de su caída surge en 1976 la revolución yihadista en Irán.

¿Qué tienen en común el marxismo y el yihadismo?
- Ambos son conspiracionistas, anti-norteamericanos y antisemitas.
- Ambos aspiran a reducir a toda la humanidad en un conjunto uniforme (el proletariado, la umma)
- Ambos son universales y utópicos.

Las utopías no son las mismas:
-El marxismo ofrecía (el verbo está bien conjugado) una sociedad de bienestar, igualitaria, pacífica y armónica en
este mundo y esta vida.

-El Islam ofrece en este mundo una sociedad de bienestar, igualitaria, pacífica y armónica a condición de que todos, por las buenas o las muy malas, se someta a las exigencias sádicas de Alá en este mundo y esta vida. Para la vida futura, el Islam le ofrece a los hombres la vida eterna en un lupanar donde tendrán un harem de 72 esposas vírgenes y también tendrán el derecho al disfrute de las 70 sirvientas que cada esposa tendrá. Es decir que estarán desflorando en permanencia a 5040 mujeres ya que en el paraíso islámico el himen se reconstituye después de cada coito. Demás esta precisar que para que el buen musulmán ejecute tal faena, estará permanentemente en erección (una forma de priapismo eterno e indoloro). El islamólogo Abdel-Samad llama "Pornotopía" la concepción musulmana del paraíso.
¿Y qué le ofrece a las mujeres? Si han sido esposas buenas y fieles y ha respetado la sharia, podrán ingresar en el harem de su marido y quedarse per seculam seculorum.

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