samedi 11 octobre 2014

Comentario sobre "Eichmann vor Jerusalem" de Bettina Stangneth, Arche, 2011

B. Stangneth: Eichmann vor Jerusalem

La lectura del libro de Stangneth fue una experiencia desagradable, no sólo por el tema, que no puede ser peor, sino porque es un libro muy largo, de 535 páginas y yo soy un lector muy lento.

Desde la introducción Stangneth precisa que su libro no es una crítica ni refutación a Hanah Arendt, sino una conversación imaginaria con ella. Explica que a inicios de los años 60 los estudios sobre la Shoah estaban apenas comenzando y que los materiales de que disponía Arendt eran insignificantes si se los compara con los que se conocen actualmente.

De lo que aprendí y más me chocó, aunque no es un tubazo ("scoop"), es la simpatía, admiración y profunda amistad y complicidad de Perón con los nazis. Cuando pienso en los muchos judíos argentinos que murieron, fueron torturados y presos por defender a este señor se me revuelve el estómago. No puedo evitar establecer lazos, aunque sólo existan en mi mente, entre el nazismo de Perón y el laxismo (¿Cómplice?) con el que el Estado argentino ha tratado el atentado contra la AMIA (85 muertos, 300 heridos y los autores hasta hoy impunes) y la política "antisionista" de la actual presidenta peronista Cristina Kirchner.

Lo que sabe Stangneth que Arendt no sabía (y el procurador israelí Gideón Hausner sólo conocía un fragmento)  está contenido en las grabaciones y transcripciones de las conversaciones que Eichmann tuvo con Sassen y otros interlocutores. Sassen era un nazi holandés, periodista y escritor, amigo personal de Perón que dirigía la editorial "Dürer Verlag" que publicaba libros negacionistas y apologéticos del nazismo y un pasquín bilingüe llamado "Der Weg" "El sendero" que tenía por principal objetivo refutar las denuncias de los crímenes del nazismo publicadas en el periódico "Argentinisches Tageblatt" en el que escribían muchos judíos.

Sassen y sus secuaces, que soñaban con el pronto advenimiento de un IV Reich y pensaban que la democracia en la RFA no era sino un interludio, creían que las víctimas totales provocadas por el nazismo no pasaban de 135.000 y para fundamentar su refutación de las "mentiras judías" del "Argentinisches Tageblatt" que hablaban de 6 millones de víctimas judías, decidieron entrevistar a Eichmann, que sabían era el gran especialista en el tema. Para la sorpresa de todos los participantes, Eichmann confirmó las cifras de 6 millones dadas por los denunciadores y reivindicó todos sus actos sin ningún remordimiento. Los propios nazis quedaron llenos de horror y asco. Alvensleben (http://en.wikipedia.org/wiki/Ludolf_von_Alvensleben) uno de los nazis más prominentes y profundo antisemita fue el que más abiertamente expresó estas emociones denunciando "una brutalidad indigna de la caballerosidad alemana" de las acciones anti-judías y agregó: "A mí me repugna personalmente, agarrar a gente indefensa, aunque se trate de mis peores enemigos pero que a mí personalmente no me han hecho nada, sólo por su nacimiento, empujar gente indefensa y meterlas en una cámara de gas". (Stangneth, p. 376 –edición 2014). Eichmann que escuchó todo esto, porque Alvensleben se lo estaba diciendo directamente a él, se quedó callado (lo que era característico de la cobardía del personaje).

Para Sassen la empresa con Eichmann fue un fracaso porque no permitía en nada contribuir a su objetivo que era lograr la rehabilitación histórica de Hitler que tanto le hubiera gustado a Perón. Después de la caída de Perón en 1955, cierra la editorial y el pasquín (lo que permite suponer que estaban financiados por el gobierno) aunque Sassen sigue manteniendo cierta influencia y es miembro de la comitiva de Frondizi cuando este viaja a Alemania y después es amigo de Arturo Illia. Después de las entrevistas con Eichmann, Sassen no vuelve a escribir (Stangneth sostiene que esta horrible experiencia le mató su Musa) y muere viejo y alcoholizado en Alemania.

Lo que me divirtió del libro, fue el relato de la reacción mundial de pánico que la captura de Eichmann provocó en muchísimos nazis. Se dispersaron, se escondieron y nunca volvieron a reunirse. Aunque sólo hubiera sido por eso, su captura, juicio y ejecución valieron la pena.


Queda la pregunta final: ¿Engañó Eichmann a Arendt? Mi respuesta, basada en las informaciones de Stangneth, es afirmativa. Eichmann era un fabulador patológico. Entre sus grandes mentiras están haber nacido en Sarona (colonia alemana creada en el siglo XIX en las cercanías de la actual Tel Aviv), dominar el hebreo y el yiddish (en realidad era monoglota, sólo hablaba un alemán de proletario y su forma de expresarse era muy enrevesada), visitar Palestina en los años 30 (lo intentó pero las autoridades británicas no lo dejaron entrar) y haber sido amigo del Mufti de Jerusalén (a quien vio y le estrechó la mano pero que prefería la amistad de Himmler).

De las cosas que escribió torpemente en Argentina, resalta que vió en la Campaña del Sinaí la confirmación de todas sus convicciones antisemitas (la agresividad, maldad, perfidia, etc. de los judíos)  y expresó una gran admiración por los árabes de quienes esperaba que completaran la Solución Final que él, debido a la derrota alemana, tuvo que dejar a medias. Por supuesto no repitió nada de esto durante su juicio en Jerusalén y no había modo de que Arendt ni el fiscal Hausner estuvieran al tanto.



En Jerusalén su única preocupación era salvar su pellejo (y no aparecer ante su esposa e hijos como el súper criminal que era) y por eso fabricó y encarnó en Israel el personaje del burócrata obediente, que sólo ejecutaba órdenes, fueran las que fueran.


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