mardi 26 mai 2026

RESEÑA Psicoanálisis y Retórica

RESEÑA

Psicoanálisis y Retórica

Una exploración del lenguaje figurado

Richard Preschel  ·  Nueva edición corregida  ·  © 1985–2022  ·  332 páginas

Presentación y contexto

Psicoanálisis y Retórica es un trabajo que nació en 1985 bajo el título Fundamentos retóricos de la escucha psicoanalítica, publicado en la revista Psicología Psicoanalítica (vol. III, UCV, Caracas), y que el autor revisó y amplió considerablemente para esta nueva edición, concluida en Berlín en enero de 2022. Su autor, Richard Preschel, nació en los Países Bajos en 1950, se crió en Venezuela y ejerció allí como psicoterapeuta, psicoanalista y docente de psicología clínica entre 1974 y 1989, antes de emigrar a Europa. Esta trayectoria —clínica primero, intelectual siempre— le otorga al libro una perspectiva poco común: la de alguien que conoció el psicoanálisis desde adentro y lo abandonó con argumentos.

El prólogo, firmado por David Ephraim, sitúa bien la empresa: el libro examina afirmaciones centrales de Jacques Lacan —«la condensación es una metáfora», «el deseo es metonímico»— y se propone darles el contexto teórico riguroso que, a juicio del autor, les falta. La frase de Boileau que tanto gustaba a Freud —«Lo que se concibe bien se enuncia claramente»— actúa como divisa implícita de todo el proyecto.

Estructura y recorrido argumentativo

El libro se organiza en cinco capítulos que forman una progresión didáctica deliberada. Las dos primeras partes (caps. I, II y III) establecen los fundamentos conceptuales; la tercera (cap. IV) ofrece un compendio sistemático de retórica; y la cuarta (cap. V) es donde se libra el debate central.


Capítulo I — Tipología de la escucha psicoanalítica

El libro abre con una propuesta clasificatoria que es, a la vez, su herramienta analítica principal. Preschel distingue cuatro modos de escucha:

Los cuatro tipos de escucha psicoanalítica

La tipología no es excluyente —en la práctica, los cuatro tipos coexisten— pero permite leer la historia del psicoanálisis como una oscilación entre estas orientaciones y, sobre todo, situar la propuesta del libro dentro de la escucha formal.

Los cuatro tipos de escucha psicoanalítica y su posición en el continuum referencia–forma

Capítulo II — ¿Qué es lo que el psicoanalista escucha?

Apoyándose en la distinción saussuriana entre lengua y habla, y en la noción de enunciación desarrollada por Benveniste, Preschel argumenta que el objeto propio de la escucha psicoanalítica no es ninguno de los dos: es el discurso, una unidad de análisis mayor que abarca enunciado y enunciación. El psicoanalista no estudia el código ni el mensaje, sino al sujeto que habla, en las condiciones concretas en que habla. Aquí Preschel señala una convergencia que no suele señalarse: ese mismo interés por el sujeto hablante y por las condiciones que determinan su conducta verbal es el que anima el análisis operante de Skinner. La mención no es accidental; anticipa una presencia que será continua y argumentativamente funcional a lo largo de todo el libro.

Capítulo III — Los polos del discurso

Este capítulo explora la naturaleza bipolar del lenguaje —opuestos como prosa/poesía, denotación/connotación, univocidad/polisemia, literal/figurado— y muestra cómo cada tipo de escucha tiende hacia uno u otro polo. Hay aquí una observación iluminadora sobre el paralelismo entre el dualismo saussuriano y el dualismo freudiano (Eros/Tanatos, pulsión de vida/pulsión de muerte), dos sistemas de pensamiento que comparten la misma arquitectura bipolar y opositiva.

Capítulo IV — El lenguaje figurado

Este es el capítulo más extenso y el más original en términos de aportación positiva. Preschel construye un compendio sistemático de retórica basado en la clasificación del Groupe μ, que distingue cuatro grandes categorías de figuras según el nivel lingüístico en que operan:

  • Metaplasmos: figuras que afectan la forma sonora de las palabras: aliteración, contaminación, paronomasia, antanaclasis, síncope, apócope, reversión.

  • Metataxis: figuras que afectan la sintaxis del enunciado: explesión, elipsis, inversión, gradación.

  • Metasememas: figuras que afectan el significado: sinécdoque, metáfora, símil, metonimia, oxímoron.

  • Metalogismos: figuras que afectan la lógica del enunciado: hipérbole, denegación, entimema, ironía.


Lo notable de este compendio es que cada figura viene ilustrada con ejemplos tomados de un corpus amplio y deliberadamente heterogéneo: la literatura latina clásica (Virgilio, Quintiliano), la española del Siglo de Oro (Góngora, Calderón), la literatura universal moderna (Shakespeare, Poe, Henry Miller, Joyce, Lewis Carroll), el pensamiento filosófico (Feuerbach), discursos políticos (Reagan, Pompeyo Márquez) y la tradición oral y literaria venezolana (Rafael Cadenas, Guillermo Sucre, Aquiles Nazoa, Teresa de la Parra, Andrés Eloy Blanco). Los materiales freudianos —lapsus, chistes, sueños— aparecen con frecuencia entre los ejemplos porque se supone que el lector psicoanalista está familiarizado con ellos, lo que facilita el puente hacia el debate del capítulo V.

Merecen mención especial los análisis de la contaminación (fusión de dos palabras fonéticamente similares), que Preschel vincula a los lapsus freudianos; la paronomasia in absentia (sustitución de una palabra por otra fonéticamente parecida pero semánticamente distinta), que constituye según el autor la categoría dominante entre los lapsus descritos en Psicopatología de la vida cotidiana; y la denegación, que recibe un tratamiento detallado en relación con el concepto freudiano de Verneinung.

Capítulo V — Psicoanálisis y Retórica

Este es el corazón argumental del libro, y también su sección más polémica. Preschel traza primero la historia del «olvido de la retórica» —su marginación desde el siglo XVII hasta mediados del XX— y luego su resurgimiento en el estructuralismo, antes de abordar el problema central: la validez de las ecuaciones propuestas por Jakobson y Lacan entre mecanismos freudianos y figuras retóricas.

El argumento principal es que tanto Jakobson como Lacan operan con lo que Genette llamó la «retórica restringida»: reducen el universo de las figuras a dos categorías (metáfora y metonimia) y luego fuerzan a todos los fenómenos discursivos dentro de ese lecho de Procusto. El resultado es que los términos pierden precisión operativa y se convierten en lo que el autor llama «comodines conceptuales».

Sobre la condensación, Preschel distingue tres planos: condensación discursiva (elipsis del contenido manifiesto respecto al latente), condensación semántica (formación de imágenes y personas mixtas) y condensación significante (contaminaciones). La ecuación de Lacan —condensación = metáfora— solo es válida, y con matices, para la condensación semántica. La condensación significante, en cambio, no tiene nada que ver con la metáfora: corresponde a los metaplasmos, específicamente a la contaminación.

Los tres planos de la condensación freudiana y las figuras retóricas que les corresponden según Preschel

El análisis del desplazamiento es igualmente revelador. Preschel muestra que Lacan, al parafrasear a Jakobson sobre Tolstoi, asimila la sinécdoque a la metonimia, borrando una distinción que el propio Jakobson mantenía. El resultado es la fórmula «el deseo es metonímico», que el autor considera incorrecta: los ejemplos de Tolstoi son sinécdoques particularizantes (pars pro toto), no metonimias. Preschel propone una alternativa: el desplazamiento sinecdóquico particularizante sirve a la pulsión, mientras que el desplazamiento metonímico responde a la represión.

Sobre el significante, el autor señala que Lacan emplea este término con tal vaguedad que en distintos contextos designa al discurso, al significado, al habla, a la lengua e incluso al sujeto, anulando así todo el valor operativo que el concepto tiene para los lingüistas.

En este capítulo, Skinner es convocado como instrumento analítico concreto en varios registros: su noción de fortalecimiento formal (sonido) y fortalecimiento temático (sentido) explica las causas de los lapsus; su concepto de observación selectiva da cuenta de las discrepancias entre Jakobson y Lacan; y su distinción entre conducta verbal gobernada por contingencias y conducta verbal gobernada por reglas —dentro de la cual los procesos autoclíticos desempeñan un papel central— ofrece una traducción conductual de la oposición freudiana entre proceso primario y proceso secundario, que el propio Skinner vincula a la distinción poética clásica entre lenguaje extático y lenguaje euplástico. Skinner funciona así como puente entre tres tradiciones que habitualmente se ignoran mutuamente: la psicoanalítica, la poética y la conductista. El desenlace del capítulo adquiere con ello un carácter paradójico: la teoría skinneriana, convocada en parte como correctivo al lacanismo, tiende sin embargo a dar razón a Lacan en lo que respecta a la primacía del significante, el punto que Preschel somete a crítica más severa.

La conclusión como epílogo desde otra vida

Entre ambos textos no solo ha pasado el tiempo: ha pasado una vida entera. Preschel emigró a Francia, trabajó dos décadas en los mercados financieros, se dedicó al estudio del judaísmo y luego a la antropología de las religiones. Son dos voces que hablan desde lugares radicalmente distintos, y el libro las presenta bajo la misma cubierta sin que siempre quede claro al lector que no son la misma voz.

En esa conclusión, Preschel escribe una suerte de ajuste de cuentas con su propia trayectoria. Confiesa que padecía un TDAH severo que en la adolescencia derivó en depresión crónica, y que fue esa experiencia la que lo llevó al psicoanálisis, en el que pasó 22 años como paciente con cinco analistas distintos, de los cuales solo uno —Hugo Bleichmar— le resultó genuinamente útil. Sus conclusiones clínicas son tajantes: considera el psicoanálisis contraindicado para la depresión y lo equipara a medicinas alternativas como la homeopatía. La alternativa que propone no es teórica sino médica: la psicoterapia debe ser practicada por profesionales con formación en biología y fisiopatología, capaces de combinarla con psicofarmacoterapia cuando el caso lo exige y de detectar cuándo un trastorno aparentemente psíquico es la manifestación precoz de una patología orgánica. Es precisamente porque los psicólogos no pueden recetar que Preschel insiste en que la psicoterapia debe ser un acto médico. Sobre Lacan emite un veredicto sin apelación: su apropiación de la lingüística fue un «bluf», un montaje propagandístico sin progreso científico. Y sobre Freud, aunque reconoce su genio comercial y su sólida cultura general, concluye que cuanto menos aprecia el contenido de su obra, más admira su capacidad de marketing.

Estas conclusiones pueden ser válidas, pero su fundamento no está en la investigación que el lector acaba de leer: emana de una experiencia vital y de un recorrido posterior de casi cuatro décadas que el texto principal no refleja. El Preschel de 1985 evaluaba críticamente las relaciones entre su disciplina y la retórica desde adentro del campo; el de 2022 mira hacia atrás desde una distancia de más de treinta años, con una mezcla de rigor retrospectivo y lucidez distanciada. La conclusión no es el desenlace natural del capítulo V, sino un epílogo escrito desde otra vida. El lector merece tenerlo presente.

Valoración crítica

Los méritos del libro son considerables. La tipología de la escucha psicoanalítica es una herramienta analítica elegante y genuinamente útil. El compendio de retórica del capítulo IV es uno de los mejores resúmenes en lengua española de la clasificación del Groupe μ, y su aplicación sistemática a materiales literarios, filosóficos y psicoanalíticos es una contribución original y de largo alcance. El análisis crítico de las ecuaciones lacanianas está bien documentado, recurre a fuentes primarias de primera mano y llega a conclusiones que otros estudiosos —Laplanche, Bleichmar, Metz, Nancy y Lacoue-Labarthe— habían insinuado sin desarrollar con igual rigor.

La principal tensión del libro es estructural: el salto entre el trabajo académico de 1985 y el epílogo de 2022 crea una asimetría que la edición no señala explícitamente, dejando al lector la tarea de discernir qué pertenece a cada momento y a cada Preschel.

Conclusión

Psicoanálisis y Retórica es, en su núcleo, una obra infrecuente: rigurosa donde muchos textos de la misma temática son oscuros, honesta donde otros son reverentes. Su valor mayor reside en haber construido las herramientas lingüísticas y retóricas necesarias para evaluar con seriedad las pretensiones del psicoanálisis lacaniano frente al lenguaje, y en haber concluido esa evaluación sin concesiones. El epílogo añade una dimensión humana y biográfica que enriquece la lectura, siempre que se lo lea como lo que es: el testimonio tardío de alguien que vivió el psicoanálisis por dentro, se alejó de él hace más de tres décadas, y regresa a contarlo desde esa distancia. Una lectura indispensable para quienes trabajen en la intersección del psicoanálisis y la lingüística, y una advertencia útil para quienes tiendan a repetir las fórmulas lacanianas sin detenerse a examinar su fundamento.


El libro puede ser descargado gratuitamente en archive.org, academia.edu y el blog del autor. Una versión en papel puede ser adquirida en Amazon.


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