vendredi 26 mai 2017

La fiesta de la Humanidad (2012)

"La fête de l'Humanité", "fête de l'Huma" es un evento cultural francés iniciado en 1930, se produce durante un fin de semana al año que casi siempre coincide con el equinoccio de otoño y el año nuevo judío. Este evento atrae anualmente más de 500.000 personas, es decir, más de lo que atrajo de festival de Woodstock.

El nombre la fiesta, que en realidad es un festival, se lo debe al, hoy por nadie leído, diario L'Humanité fundado por Jean Jaurès en 1904. En 1920 L'Humanité se convierte en órgano central del Partido Comunista francés. En 1930 el director de este periódico decidió crear "un evento popular, una manifestación de solidaridad proletaria".

Muchos sociólogos franceses afirman que el proletariado ha desaparecido. Pero las clases populares siguen existiendo y yo, como todos los que ganamos menos de 2.500 euros, pertenezco a esas clases. A las que es mejor dejarle el plural que corresponde muy bien a su pluralidad y diversidad.

No había ido antes a ese fabuloso evento simplemente porque yo había roto con el comunismo cuando los tanques soviéticos aplastaron la Primavera de Praga, rompí con todo el marxismo cuando Pol Pot y sus Khmer Rojos asesinaron un tercio de la población de su propio país y rompí con la revolución cubana, cuando Fidel durante el episodio de los Marielitos, decidió vaciar los hospitales siquiátricos y montar a los pacientes en lanchas para mandarlos a Florida. Entonces me di cuenta de la naturaleza perversa de este monstruo, que trató como basura la gente a la que yo me dedicaba a curar: los enfermos mentales.

¿Porqué fui esta vez a la "fête de l'Huma"? Digamos que lo hice por mi nostalgia y preocupación por Venezuela. Tengo 23 años fuera del país y sabía que había un pabellón venezolano, hasta tenía la secreta esperanza de comerme un pabellón culinario.

La llegada fue difícil. Después de una caminata, un metro y un autobús, llegué a la entrada donde se formaban unas larguísimas colas. No sé por qué ley, física o probabilística, siempre me tocan las más largas. Ya llegando al final, el torpe portero nos dijo que hubiéramos esperado menos en la otra cola. Ahí no pude más y con mis grandes talentos de diplomático, sin alzar la voz, le dije: "No solo esta cola es peor que en Disneylandia, no solo que usted es torpe, sino que además nos trata de tontos." A esto el portero me dijo "Ud. no se va a poner a protestar" (Vos n'allez pas vous mettre à râler) y le respondí: "¿Desde cuando los comunistas no protestan?" (Dépuis quand les communistes ne râlent pas ?).

No conseguí el pabellón comestible, el otro sí. Pero conseguí muchas más cosas. Al final del día le envié a Erika un texto eufórico: "Estoy en la fête de l'Huma. Esto es Woodstock!" y ella me respondió con la última estrofa de la Internacional: "Es la lucha final… Yeah! yeah! yeah!".

Me conseguí con gente como yo, de mi nivel social y sin pretensiones de aparentar más. Tuve muchos encuentros, conversaciones y tragos –algunos fumaban chuchos, pero yo no mezclo- y me di cuenta que tenía que escoger bien mis palabras, esta gente no conocía las palabras "panurgismo", "actuariado" ni "exogamia". Pero me enseñaron muchas cosas y yo también he debido aportarles algo.

En el pabellón de "Die Linke" (partido de izquierda alemán que reúne a social-demócratas de izquierda y antiguos comunistas de la ex-RDA) conversé con un joven historiador, llamado Benjamin, que fumaba hashish y su también joven amigo jurista llamado Marc que fumaba marihuana. Le pregunté a Marc si lo que fumaba era Skunk, Amnesia, White Rhino o Viuda Blanca y me respondió que no sabía. Su falta de curiosidad me dejó un poco asombrado. Aunque me quedé con la idea de que fumaba Amnesia y por eso no sabía.

Otra conversación la tuve en el pabellón venezolano, atendido por un amable Sr. peruano, bebiendo guarapitas (no de Pampero como me había prometido el Sr. sino de Havana Club) con Eric, un baterista gascón de mi edad y los jóvenes Davis, un albañil nacido en Valencia que toca el saxofón y su amiga alsaciana llamada Valentina que no sé a que se dedica pero sabe hablar alemán machucado. Los tres viven en Toulouse y se vinieron especialmente a Paris para esta ocasión. Para mí y Eric era la primera vez… que veníamos a la "fête de l'Huma" –no sean mal pensados.

El penúltimo encuentro lo tuve en el pabellón de las FARC, donde mientras esperaba que me dieran mi empanada, una dama francesa me cayó encima para decirme que ella era más fumona que yo, que ella había vivido en Afganistán y que hasta los árabes de Palestina, Siria e Irak la admiraban por todo lo que era capaz de fumar. A la distinguida dama le di razón en todo lo que afirmaba. Después me explicó que ella ya estaba muerta y le pregunté que desde cuando los muertos comían empanadas. Prefiero no relatarles lo que respondió para ponerle punto y final a esta extraña conversación.

El ambiente era francamente "Sex, drugs and Rock&Roll"-aunque ya no estoy para lo primero y no mezclo cannabis con guarapita- además de Rock, había Salsa, Rap, Regae, Carlos Puebla, Alí Primera, el Buena Vista Social Club y todas las chansons de los comunistas franceses.

Los pabellones constituían por si mismos unos objetos de estudio antropológico que hubieran matado de envidia a Tylor, Frazer y Westermarck. Por supuesto, todas las seccionales comunistas estaban representadas, es decir todas las regiones francesas. La gente se atragantaba de ostras que bajaban con vino blanco de Muscadet. Lo equivalente sucedía en las otras seccionales francesas.
Los comunistas serios estaban reunidos con su secretario general Pierre Laurent 

quien explicaba en un discurso leído, que los comunistas franceses, con su aliado Mélenchon, no estaban en la oposición sino en la proposición. Me hubiera gustado encontrarme a Mélenchon para reclamarle porque insulta y trata de fascistas a los pasantes de periodismo que son jóvenes que están pelando. Pero como no lo vi, seguí mi excursión.


 Al salir, casi en frente, vi un pabellón que pide el boicot contra Israel. Me acerqué y hablé con una dama que me anunció, como si fuera la llegada del Mesías, la próxima venida a Paris de Shlomo Sand. Le dije que Sand tenía ideas interesantes sobre el tema de las identidades pero que como historiador no tenía nivel científico. Después le pregunte a la dama que tipo de computadora usaba. Tuve que insistir un poco porque ella me dijo que no sabía nada de eso pero terminó diciéndome Windows XP. Le dije que 30% de los componentes de ese sistema están producidos en Israel. Le pregunté qué tenía como procesador, me dijo que creía que era Intel o algo así. Le dije que Intel estaba 100% producido en Israel. Después le pregunté si tomaba algún medicamento y le expliqué que esa molécula la habían descubierto y patentado en Israel. Antes de despedirme le dije que esperaba que ni ella ni nadie en su entorno tuviera un cáncer de los órganos blandos (páncreas, baso,..) porque eso solo se trataba bien con medicamentos y técnicas israelíes y que, por todos los motivos antes mencionados, Israel no era un país boicoteable sino indispensable para el bienestar de toda la humanidad. La dama me respondió que sabia que no se podía boicotear verdaderamente a Israel, pero que el boicot era un medio de presión y que los palestinos pedían que se los ayude de ese modo. Yo me despedí muy cordialmente.

 Andaba con sed. Eran casi las 2 pm y aún no había bebido nada, no me dejé tentar por el mojito, porque sé que es un trago muy traidor y el ron cubano me da mucho ratón.



Pero como tenía sed, al fin le compré una botella de cerveza a una bella alemana que me dijo que la cerveza era de Dresden, aunque era de Berlín. Y además de la sed, lo que me atrajo fue la curiosa estética del lugar: El perfil de Lenin llevando un casco para oir música, las estrellas de cinco picos, el nombre "Roter Oktober" (Octubre Rojo) pero con la R volteada como "La causa Я". Además me parecía que la idea marketing era algo perversa, como todas las buenas ideas marketing, porque la  palabra "Oktober" suscita un reflejo condicionado en los alemanes aficionados a la cerveza, que los hay más que los que ustedes creen, debido a la famosa fiesta anual de la cerveza en Munich, a la que llaman "Oktober Fest".

 Viendo esto me dije: "El comunismo dejó de ser un pensamiento político, ahora es una estética". Y esta idea me siguió acompañando durante toda la jornada, en la que pasé por toda clase de pabellones: Asociaciones cristianas, ventas de libros con autores dando autógrafos –compré una novela sobre Bruce Springsteen para Erika-, venta de shmates del Secours Catholique, Kurdos pidiendo la libertad de sus presos en Turquía. Defensores del Esperanto que me hicieron firmar no sé qué para que el Esperanto se vuelva la lengua oficial de Francia , o por lo menos para que la enseñen en bachillerato.

Le pedí al señor, que aparece con el sombrero en la foto, que me repitiera lo mismo que acababa de decirme pero en Esperanto y me confesó que no sabía.

Después seguí mi visita y me di cuenta que desde de la caída de la URSS, Cuba se había trasformado en el nuevo "paraíso socialista". Encontré asociaciones de franceses pro-castristas por doquier.

Me pareció increíble, pero pensando un poco más, me dije que Cuba, no sé si es una cárcel isla o una isla cárcel, no es peor que lo que fue la URSS y si esta fue un paraíso socialista, no había razón para que Cuba no lo sea. Además, Cuba algo de paraiso tiene, porque es tropical.

Aunque con sorpresa, me di cuenta que la URSS, aun después de muerta y fracasada, seguia teniendo sus defensores nostálgicos.



También entendí que esto, como lo de Cuba y Palestina debía ser comprendido no como política sino como una declaración estética. La idea ya no me soltaba. Lo que yo estaba viendo y viviendo era un fenómeno cultural.


Chávez, el Che, Arafat, Evo, Oçalan, Lenin… son íconos culturales y su culto es una posición estética cuya fuerza de atracción no debe ser subestimada.
Entre los otros pabellones se encontraban dos de España y uno pro-Nicaragua.


Me estaba acercando a mi Meca, la meta de mi peregrinaje: los pabellones de Cuba y de su principal colonia:

Pensé que era un mal pensado y que Cuba a lo mejor sí era un paraíso. Tenían en el menú langosta a la parilla. Con tantos años en Francia y en otros lados, creo que he probado langosta una sola vez en mi vida –En Las Cibeles de Sabana Grande- y estos se la comen a la parilla, hasta con indiferencia.

Finalmente, como decía la pitonisa en el Show de Joselo, "llegué a donde tenía que llegar", al pabellón del país de la revolución bonita. La Patria del Socialismo del siglo XXI:

Como me dedico, a pesar de mis avanzadas cataratas, a observar cualquier cosa, me llamó la atención que el letrero de la entrada estuviera rodeado de publicidades de Guinnes y de banderas de Irlanda. Como nunca entendí la geopolítica de Chávez, no me extrañó tanto lo de Irlanda. Aunque me preocupó mucho por los irlandeses que van o irían a Venezuela, porque, expuestos al Sol tropical, ellos son muy propensos a desarrollar melanomas.

Adentro me encontré con el nuevo rostro de Bolívar, acompañado de cuatro retratos del comandante y tres con paisajes de la Patria. Para darle autenticidad al conjunto y convencerme que realmente era de Venezuela: también encontré un poquito de basura sobre un suelo de tierra. No les digo cuanta fue la nostalgia que sentí.

Había un bar que ofrecía cerveza alsaciana, café –que pregunté si era venezolano- y no me respondieron- y guarapita confeccionada con jugo pasterizado francés y Havana Club.

Adentro había una sala, bastante grande y llena, con un coloquio sobre algo de lo que no me enteré, porque la cabeza no me da, pero que sonaba muy sesudo. Me dije que la próxima vez que me pregunten y en general lo hacen con un tono de reproche ¿Porqué eres tan intelectual? Responderé: Porque vengo de Venezuela.

Me quedé en la barra, tomando guarapita cubana y llegaron los tres de Toulouse con los que hablamos de todo, hasta de los catalanes y de los argentinos.

Después de despedirnos me fui a cenar al pabellón de las FARC, donde, gracias a los que estaban fumando marihuana bajo la bandera venezolana, no se sentía el olor de las fritangas. Allí me encontré con la muerta afgana a la que le gustaban las empanadas.

Después, ya cayendo la noche, emprendí mi camino de regreso, preguntándome cual podía ser el nexo entre todas las cosas tan diversas que vi, de las que solo he mencionado una selección y me dije: Anticomunistas no pueden ser, porque no estuvieran allí. Las causas que defienden, algunas están ligadas, otras no. Marginales no son, porque son gente como yo que vive más o menos con dos mil dólares al mes.

Debo decir que en ese lugar me sentí bien, me sentí rodeado de gente como yo, como cuando iba de joven al Gran Café de Sabana Grande.

Ya casi de regreso a casa, me volvió el tema de la estética: Las marcas de lujo, las operas, los ballets, los conciertos sinfónicos, la alta gastronomía, los finos alcoholes, etc. están reservados a los que tienen mucho dinero. Para el resto de nosotros están la salsa, el rock, el rap, el chavismo, el antisionismo, Bob Marley, John Lenon, el Che, Arafat, Sandino, etc.

 Pensé que, si alguien me lo preguntara, le diría que entre los expertos en antisionismo deberían haber, además de sesudos polititólogos, críticos de arte y artistas. El frente de la estética también es un puesto de combate importante.

Termino con una conclusión marxista: En general, las preferencias estéticas están determinadas por el ingreso económico personal.

 Richard Preschel  








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